Financiación de servicios sociales. En época de ajustes, innovación y compromiso al poder


 

Montserrat Cervera. Directora de la Unidad de Servicios sociales y sociosanitarios de Antares Consulting


En el momento actual ya nadie duda de la necesidad de ajustes presupuestarios en las cuentas de administraciones y organizaciones -en el sentido más amplio- . Sabemos perfectamente que si disminuyen los ingresos o bien se recortan los gastos o bien se busca cómo incrementarlos. No hay más.


Pero esta rápida afirmación con la que todos estaremos de acuerdo, sólo vale para un post, no para quedarnos con ella porque requiere de muchos matices.  Aportaré algunos desde la perspectiva del sector de los servicios sociales y sociosanitarios que es el que conozco bien.


Los servicios sociales se financian a través de los presupuestos públicos de los distintos gobiernos (central, autonómico y local); de las aportaciones de agentes sociales de especial relevancia tales como las Cajas de Ahorros a través de su Obra Social, las fundaciones  de empresa, las  de capital privado o las entidades sin ánimo de lucro y de las aportaciones de quienes consumen los servicios.  Es decir, tres supuestos: presupuestos públicos,  acción filantrópica -de responsabilidad social, que está más de moda- de individuos, grupos, organizaciones  y empresas, o venta de servicios. No hay más.

 

¿Qué pasa con cada uno de ellos?


La administración pública ha empezado a aplicar las tijeras para disminuir sus gastos  reduciendo plantillas,  disminuyendo su actividad  y anunciando "mayor productividad y eficiencia". Cada una de estas acciones tiene su consecuencia que,  más allá de valorar si es positiva o negativa, lo que seguro que hace es  modelar un nuevo y distinto escenario.  Viendo algunas de las decisiones tomadas de las que los medios de información  y  las redes sociales nos informan a diario (reducciones de salarios y  plantillas; incrementos de tasas, reducción de precios de compra de determinados servicios, eliminación de actuaciones, etc.) surge una duda: ¿están pensadas para resolver  la urgencia y la necesidad inmediata o responden de verdad a la voluntad de construir un nuevo y distinto escenario, acorde a las circunstancias que definitivamente configuran un contexto completamente distinto al que conocíamos hasta hoy?.

 

Porque si pensaran en ello veríamos algo más. Veríamos  planes de racionalización de la actividad de entidades sociales que a menudo duplican  y multiplican acción sin  coordinación alguna, en un mismo territorio (sólo en Catalunya, más de 1.350 entidades subvencionadas por el Instituto Catalán de Servicios Sociales  para realizar programas  sociales). Veríamos  planes de incorporación de nuevas tecnologías para la gestión de los servicios sociales  (¿cuántas residencias sin siquiera una web dónde buscarlas y conocerla? ¿cuántas sin un sistema integral de gestión? ¿cuántas personas sin saber en qué punto está la solicitud de servicios cursada? etc., etc. ) . Veríamos planes de reordenación de las estructuras administrativas actuales, obsoletas y burocratizadas (duplicidad de equipos de valoración para el reconocimiento de derechos que en el caso de la valoración de la situación de discapacidad en algunas CC.AA. arrastran listas de espera de hasta  9 meses)... Veríamos, en fin,  un horizonte diferente dibujado por quienes gobiernan que son los que tienen legitimidad para ello. Con la participación de todos, seguro, pero al fin y al cabo tomando decisiones valientes, ordenadas y globales y  conduciendo la acción y la manera de llevarla a cabo  hacia otro lugar distinto, adaptado a los tiempos y maneras actuales, sin  dejarse conducir por esta fuerza  centrífuga que todo lo invade (o sea, los mercados) y que sólo deja el mal sabor de la falta de presupuesto.


La acción filantrópica también se ha visto resentida por las rebajas en los presupuestos destinados a ella. Tal es el caso de  las Cajas de Ahorros,  de gran importancia para la acción social en España. En el año 2009 destinaron más de 1.100 m de € a su Obra Social, de los cuales el 45,2% se canalizó  a través de entidades del tercer sector para financiar  programas sociales que éstas ejecutaron.  En el año 2010, 875millones, un 21% menos. Es evidente que el nuevo contexto empresarial que se dibuja con las nuevas reglas de juego establecidas (transformación en bancos, exigencias de ratios de solvencia, etc.) condiciona una tendencia marcada por  la bajada de las ganancias de las entidades financieras y su necesidad de financiación. También cambiarán  otras cosas como son el componente territorial, la priorización de determinados tipos de acciones, las estructuras para la ejecución de éstas, etc.

 

Aplicación del beneficio neto de las Cajas de Ahorros

  2010 2009 Variación en el año
  Miles € Dist. Miles Dist€   Miles € %
A reservas  2.269.193 72,2 3.011.947 73,1 -743.558 -24,7
A Obra Social 875.126 27,8 1.107.057 26,9 -232.522 -21
Total  3.144.319 100 4.119.004 100    

 

Fuente: memoria RSC Cajas de Ahorros  2010, disponible en http://www.cajasdeahorros.es/obra.htm

 

En el caso de las Fundaciones privadas de grandes empresas, sujetas a la financiación que reciben de éstas, también podemos esperar una disminución presupuestaria  o cuanto menos el mantenimiento de la misma para fines sociales, salvo contadas  excepciones.

 

FUNDACIÓN PRESUPUESTO 2008 (millones €) PRESUPUESTO 2009 2010 % 2009/2008 % 2010/2008
Fundación Botín 24,3 24,4 n/d 0,4%  
Fundación Rafael del Pino 16,4 5,4 n/d -67,1%  
Fundación  Barrie de la Maza 11 10,9 n/d -0,9%  
Fundación Juan March 10,3 10,4 10,8 1,0% 4,9%
Fundación Roviralta 4,3 n/d 2,7   -37,2%
Fundación María José Jove 2,9 2,9 3,2 0,0% 10,3%
Fundación Lluis Carulla 1,7 n/d n/d    
Fundación Barceló 1 0,9 1,2 -10,0% 20,0%
Fuente: Antares Consulting, S.A.          

 

Y en el caso de las entidades del Tercer Sector, la disminución en el nº de socios y las cuotas que éstos aportan y la disminución de donaciones, es decir la disminución de ingresos,  completa el cuadro. (En las ONG destinadas a cooperación se estima una disminución en sus ingresos  en el último año no inferior al 25%. Ver http://www.coordinadoraongd.org).

 

Ante este panorama cabe esperar que todos los financiadores de la acción social  dirijan sus recursos  hacia actividades que resulten "rentables" y eficaces a distintos niveles: a nivel de imagen para quién las financia, claro, pero también a nivel de retorno social de la inversión que generan. Invertir con resultado social. Y para ello se requiere buena gestión e instrumentos de medida y evaluación.  El cálculo del SROI (Social Return On Investment) será imprescindible.

 

Finalmente, la compra de servicios por parte de los clientes potenciales de los mismos. Con los índices de paro actuales y la disminución de ingresos de personas y familias, no parece  que esta opción sea muy realista aplicada a los servicios sociales. En el ámbito de los servicios residenciales para  la atención a la dependencia, uno de los que más claramente está en el mercado, el número de plazas que se ofrecen al cliente privado puro -sin financiación pública o subvención- ha descendido en un 1,7% en el último año.[1]  

 

El panorama no es alentador.

 

Pero además, la evolución de las necesidades sociales de la ciudadanía en general, nos plantea otro reto: o modificamos la oferta de servicios actual  y la manera de prestarla o nos quedamos a años luz de los "clientes" . Nuevos estilos de vida y situaciones de provisionalidad y fragilidad que nos afectan a todos; nuevos usos del tiempo; acceso inmediato a la información y la comunicación; protagonismo de la acción individual (la autodeterminación) y la acción colectiva ("está pasando, lo estoy haciendo" expresión divulgada por http://www.gutierrez-rubi.es) etc.  exigen hoy un planteamiento diferente de la acción social si realmente quiere ser útil para dotar a los individuos de instrumentos que les permitan desarrollar sus propias capacidades y posibilidades para afrontar los riesgos que les amenazan.

 

Por tanto, nuevas exigencias, nuevas circunstancias, luego, nuevas soluciones.  Imaginación e innovación  son dos atributos que pueden ayudarnos a plantearlas. Iniciativas como  ciutadania 4.0 [2]  muestran que es posible.

 

La administración  puede y debe orientar el cambio hacia la racionalización empezando por su propia actividad. Qué hace y cómo lo hace incide en que todos los que están detrás de ella reciban en cadena los efectos de su acción. Lo primero: saber a dónde va. Pensar, decidir  y actuar en consecuencia, sin dejarse llevar más que lo justo por la urgencia de la situación. Replantear su acción y cómo la lleva a cabo podría ser , a título de ejemplo, racionalizar los equipos de valoración de situaciones de discapacidad, dependencia e incapacidad  en un único sistema de valoración para el acceso a servicios especializados de salud o sociales. Podría ser, por ejemplo, racionalizar la forma de pago a las personas que requieren de estos servicios a través de  la fórmula del presupuesto personal  finalista destinado a ello . Podría ser, por ejemplo, reestructurar y racionalizar la prestación de servicios promoviendo -o exigiendo-  el trabajo  en red de todos los agentes que inciden en el mismo territorio  y a menudo, sobre las mismas personas (de tantas pequeñas  entidades haciendo lo mismo de modo independiente, a una red de entidades especializadas y complementarias).

 

Las Cajas de Ahorros a través de su Obra Social, podrían y deberían intervenir socialmente desde el propio negocio, si de verdad quieren mantener este diferencial que hoy poseen respecto al resto de entidades financieras. Lo pueden hacer promoviendo productos financieros acordes con  el compromiso social que manifiestan, dirigidos a determinados grupos como por ejemplo a las entidades que acreditan  una buena gestión y unos buenos resultados sociales en la acción que llevan a cabo. Su acción desde su Obra Social, debería caracterizarse por impulsar intervenciones complementarias a las de la Administración, que  repercutan en la dinamización de territorios y de individuos,  dotando de instrumentos  y habilidades a personas  y grupos que les permitan prevenir  situaciones de inferioridad y riesgo catastrófico. Olvidarse de la prestación de servicios pura y dura que ya lleva a cabo el propio mercado -público o privado- para liderar acciones innovadoras de promoción y atención, formando parte de las redes territoriales como un agente principal.  Este nuevo papel requerirá conocer  el "retorno" social de las  inversiones realizadas  y exigir a quienes  ejecutan las intervenciones y se benefician de la financiación,   una total  información y transparencia en términos de acción y de resultados.

 

El  Tercer Sector debería promover su reorganización y racionalización. Lo puede hacer trabajando en verdaderas redes territoriales que permitan la  coordinación y complementariedad  de las acciones que se llevan a cabo en un mismo territorio. Buscar sinergias y eficiencias logrando estructuras de gestión ágiles y compartidas,  complementar la acción de unos y otros para ser socialmente más eficientes, incorporando elementos de información y máxima transparencia son algunas de las acciones que puede y debe encarar.  

 

Si queremos mantener  nuestro sistema de servicios sociales, e  incluso, hacerlo crecer, en la actual situación se requiere de un compromiso colectivo y de un compromiso individual de cada uno de los agentes que intervienen.  Ejercerlo pasa por estar informado y conocer; por pensar y decidir hacia dónde ir, por cooperar y promover la confluencia de las acciones hacia el objetivo común de que individuos y comunidad cuenten con instrumentos que los fortalezcan y les permitan desarrollar capacidades individuales y colectivas para hacer frente a los riesgos  que se presentan en la vida de  personas y  comunidades y  poder ser de verdad  protagonistas de los cambios.

 

Y aunque nos toca vivir en  época de ajustes, los cambios por si mismos, nunca son malos y nos obligan a tomar conciencia que para mantener los servicios sociales sólo hay un camino:   ¡innovación y compromiso al poder!

 



[1] Estudio sectores DBK residencias para la Tercera Edad. mayo 2011.

[2] Plataforma que " recoge iniciativas ciudadanas que hacen un uso crítico o intensivo de las TIC en el marco de la sociedad catalana con el objetivo de promocionarlas para ayudarlas en su desarrollo. Las iniciativas seleccionadas serán puestas en contacto con orientadores con experiencia en su campo de acción. Los resultados obtenidos se publicarán en un mapa de iniciativas donde se podrán compartir conclusiones y otras informaciones de interés. La base de datos resultante se hará pública bajo licencia CC, así como los resultados obtenidos" http://www.ciutadania40.cat/es/home


 

Fuente: Alimarket
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