Los beneficios de las 'app' triplican al coste cuando se mide su impacto social


17/02/2014

 

Al mal tiempo, buena cara: está claro que la crisis está sirviendo para dar algunos pasos hacia la eficiencia y la evaluación económica en un Sistema Nacional de Salud no muy acostumbrado a ello. Y, si además de medir el coste-efectividad de una tecnología y el posible retorno de la inversión (ROI), se puede monetizar su impacto social, miel sobre hojuelas.

 

Eso es lo que pensó Julio Mayol, responsable de la Unidad de Innovación del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, cuando asistió al panel de expertos organizado por Antares Consulting para dar a conocer su método de evaluación del retorno de la inversión social (SROI, por sus siglas en inglés). "Cuando empezamos a desarrollar indicadores para medir lo que hacemos en la unidad nos dimos cuenta de que hay una parte objetiva que se puede valorar con número de patentes, licencias, etc., pero que no suele ser la parte más importante de un proyecto cuyo objetivo es el cambio social y el impacto en el paciente", explica Mayol a Diario Médico.


A su juicio, para una empresa basta con medir el ROI, pero "lo que la ciencia, el conocimiento y la sanidad generan son progresos sociales y cultura innovadora, y queríamos saber si es posible medir esta transformación de la sociedad y presentársela al financiador". Por eso, el planteamiento del análisis realizado por la Unidad de Innovación del Clínico es prospectivo.

 

Lo que la metodología SROI ofrece (ver apoyo) es "la posibilidad de ver cómo un proyecto sanitario influye en todos los agentes implicados:industria, empresas, centros sanitarios, pacientes, familiares, etc.". La ecuación en que se basa es la suma de los resultados inmediatos (outputs) y la mejora de la sociedad en consecuencia (outcomes), menos lo que hubiese ocurrido de todas formas si no se realiza la intervención sanitaria, ya que "la sociedad avanza aunque no hagamos nada".


Según detalla Sergio Muñoz, gestor de proyectos de la Fundación de Investigación del Clínico, "se adjudica una cuantificación numérica a cada indicador, incluyendo diversos factores, como la reducción de visitas por paciente, los días laborables no perdidos, etc. Lo que es intangible se cuantifica por consenso, se estandarizan los valores para crear un modelo;no es exacto, pero sí fiable para la toma de decisiones".

 

Aplicaciones


La Unidad de Innovación del Clínico está utilizando este sistema en la evaluación de app móviles desarrolladas en el Smarth Health Lab, la incubadora de ideas de la unidad, que son tanto de uso global como enfocadas a ser utilizadas dentro del sistema sanitario. Se trata de "un mercado que no deja de crecer y que tiene gran impacto social, más que económico:según las estimaciones, en 2018 sólo el 0,1 por ciento de las aplicaciones tendrán retorno económico directo", explica Mayol.

 

Además, la ventaja que tienen este tipo de desarrollos es que son accesibles desde cualquier parte del mundo, por lo que su impacto puede ser mucho mayor. Así, según las primeras estimaciones, "el SROI que se consigue es de tres euros por euro invertido en el peor escenario posible;cuantos más países se tengan en cuenta, mayor es el retorno".

 

Este tipo de evaluación prospectiva permite asimismo "elegir cuál es la forma más adecuada de desarrollar un proyecto para que tenga el mayor impacto posible", dice Muñoz. Impacto que además, según Mayol, "se produce a muy corto plazo. Se trata de maximizar los beneficios sociales simulando diversos escenarios".

 

Gastar bien


Evidentemente, "el objetivo de una institución como ésta no es el retorno económico, pero la sanidad no tiene por qué perder dinero, se trata de que gaste bien".

Por eso Mayol apuesta por un tipo de evaluación que supone una visión transversal del retorno económico, más allá de lo puramente sanitario, y considera que "esta clase de análisis podrían incluirse como requisito para proyectos sociosanitarios si se estandarizan bien los parámetros que se miden".

 

Poner en valor la innovación en sanidad


La medición del SROI nació en el Reino Unido "enfocada, en la mayor parte de los casos, a proyectos del tercer sector", explica Lluís Triquell, director de la Unidad de Bioindustrias y Farmacia de Antares Consulting y artífice de su aplicación al sector sanitario en España. "La primera prueba que hicimos, de tipo retrospectivo, fue con ensayos clínicos en oncología, que arrojaron un SROI muy alto, de entre 4,6 y 5,2 euros por euro invertido". Asimismo, "utilizarlo de forma prospectiva puede servir para atraer inversión y para después rendir cuentas".

 

También se está aplicando, explica Triquell, en "un proyecto del Ayuntamiento de Barcelona para medir el impacto de los servicios de atención domiciliaria". En su opinión, un análisis de este tipo "permite poner en valor lo que se hace en sanidad y en industrias como la farmacéutica y la biotecnológica". Por ello, Triquell apuesta por ampliar su uso.


Fuente: Diario Médico
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